diumenge, 4 de setembre de 2011

Salto mortal

M ama el cine de terror. Hoy va a dedicar el día una estupenda y sangrienta maratón. Se ha preparado durante el fin de semana para ello, hace un año que lo espera. No ha mirado ninguna película en tres días, ha quedado con los amigos, ha hecho la compra y ha limpiado la casa. Por fin es domingo y aunque no ha convencido a nadie para acompañarla está eufórica y lista para salir de casa. Esperando su turno en la cola se ha distraído un momento rememorando la belleza de las garras de Nosferatu y no se ha dado cuenta de que había llegado su turno. Con las prisas le han caído monedas al suelo, ha pisado a un joven que tenía detrás y se ha golpeado la cabeza con el mostrador. Ha pedido una entrada con una sonrisa torcida y ha entrado rápidamente. Se sentía un poco ridícula por el pequeño caos que había provocado en la taquilla. Por fin se ha sentado, ni siquiera ha comprado palomitas pues aún sentía vergüenza y miradas de reproche clavadas en su espalda. La primera película ha empezado en dos minutos y cuál ha sido su sorpresa al comprobar que la pantalla se llenaba de chinos repartiendo patadas a diestro y siniestro. Horror..., se ha equivocado de sala y está en la maratón de cine de artes marciales. M no se atreve a salir, se encoge en la butaca y decide aguantar, al fin y al cabo es una amante del cine. Tras la intensa maratón, se dirige a casa con los ojos como platos y un leve tic en el cuello decidida a practicar sus mortales hacia atrás en cuanto llegue, ya que se ha dado cuenta de que los tiene un poco abandonados.



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